ADICCIONES
A qué velocidad viaja el pasado que siempre nos alcanza Jugamos con infantil inocencia que llegaríamos más lejos que este cielo de lilas, nubes quebradizas. Para espantar soledades nos atragantamos el mundo de sueños y ácidas microdosis, volando hacía aventuras bicolor de atardeceres suicidas. Las calles reclamaban nuestros cuerpos y sin miedo, le escupimos al presente que nos abandonaba en cada suspiro entre rincones transparentes. Tontos vagabundos esperando la noche, no conseguíamos respirar cuando ya bebíamos podridos manjares: Éramos genuinos niños salvajes brincando sobre realidades insuficientes, por debajo de nuestros sueños que eran cortos. Quisimos inhalar nuestro destino aspirando todo a nuestro...